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IA en el audiovisual: por qué la tecnología no sustituirá a las personas

  • Alejandro Legido Abellán
  • 11 ene
  • 2 Min. de lectura

Quiero arrancar este primer post del año con una reflexión personal sobre el uso de la inteligencia artificial en el mundo audiovisual, tanto en producciones de vídeo como en música.


No voy a negar que utilizo la IA como una herramienta más en mis proyectos, tanto para clientes como personales. La uso como apoyo en procesos como VFX, locuciones, guiones u otras muchas aplicaciones que hoy ya forman parte del día a día profesional.


Sin embargo, como consumidor de contenidos, cada vez me siento más lejos del contenido creado 100 % con IA.


No me interesan los vídeos generados íntegramente con IA, con actores que no existen, voces que no son reales o guiones que se sienten forzados. Y en el terreno musical, aún menos: música “creada” por IA, técnicamente impecable, pero sin alma, sin emoción y basada muchas veces en refritos de artistas y estilos reconocibles.


Y diciendo todo esto, no me considero un detractor de la IA. Todo lo contrario.


Elegir qué consumir en un mundo saturado de contenido

Creo que estamos en un momento privilegiado: podemos decidir qué queremos consumir y a quién queremos escuchar.


Vivimos rodeados de contenido, formatos y opciones. Si quiero seguir a personas reales, lo tengo fácil. Puedo investigar, seguir trayectorias, empatizar, sentir. Eso, para mí, sigue siendo clave.


Seguramente esto tenga que ver con una cuestión generacional. Los que rondamos los 50 años hemos crecido vinculando la cultura a las personas. Es probable que a generaciones más jóvenes les dé igual si una canción la ha creado una IA o un humano, siempre que les guste. A mí no.


Pero hay algo que sí creo que es intergeneracional: el fenómeno fan.

A todos nos gusta hacernos una foto con alguien a quien admiramos, verlo en directo, en un concierto, en un teatro o incluso cruzártelo por la calle comprando churros. Y eso, con la IA, ni es ni será.

El problema del contenido creado 100 % con IA

En conclusión, me

entusiasma lo que la IA está aportando a mi profesión: nuevas herramientas, nuevas posibilidades, nuevas soluciones para clientes y proyectos. Pero también creo que el contenido real —las personas, las historias, la piel— va a cobrar aún más valor con el tiempo.


Llegará un momento en el que los efectos tipo “avatar” ya no impresionen, porque cualquiera podrá hacerlos.

Recuerdo cuando salió el videoclip de Black or White de Michael Jackson y todos nos quedamos alucinados. No solo por la tecnología, sino porque no estaba al alcance de cualquiera.


Cuando la tecnología se democratiza, el valor vuelve a las personas

Hoy la IA ha democratizado esos procesos, y eso nos lleva, inevitablemente, a la ley de la oferta y la demanda: si todo el mundo puede ofrecer lo mismo, nada sorprende.


Y ahí es donde entra el verdadero valor diferencial: las personas.

 
 
 

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